La muestra está integrada por esculturas de pequeño y mediano formato realizadas en diferentes materialidades, además de óleos y grabados.
Hasta el 30 de septiembre, se exhibirá en la Nueva Galería de Arte NUGA (1 Poniente 685, Talca) de la Universidad de Talca, la exposición Retorno del artista visual Hugo Marín, muestra que alude a las búsquedas filosóficas del artista.
En su proceso creativo, Marín está volviendo constantemente al origen, revisitando las artes primeras, el mundo oceánico, africano y precolombino. Por eso su obra, riquísima en citas y en intertextualidad, es plena de antiguas raíces; única en el panorama visual latinoamericano por su imaginario rotundo, complejo y personal.
El teórico de arte, Guillermo Carrasco, manifestó que Hugo Marin sigue, a sus 89 años, creando y completando investigaciones que inició en la década de 1950. “El trabajo de Hugo Marín ha significado un ensanche de fronteras, tanto por su libertad formal, como por la opción de materiales, ya que desde fines de la década del sesenta investiga las posibilidades expresivas del barro, del cuero y otras materias orgánicas y minerales que sitúan su escultura en el mundo del Pacífico, con un complejo mestizaje visual, que va desde lo prehispánico a lo afroamericano. En sus esculturas no es raro encontrar incorporados elementos industriales, como cierres eclair, o prótesis dentales u oculares, que ponen sus creaciones en un contexto muy contemporáneo de búsquedas expresivas a través de materiales pobres u orgánicos; pero con una impronta formal que puede recibir influjos tanto del mundo popular, como del barroco mestizo de la América andina”.
Sobre su trabajo, el propio artista ha dicho: “Mis obras están en mí mismo. Cada uno tiene sus propias obras. Somos portadores de ellas y, en alguna medida, ajenos a ellas. Están dentro y fuera de uno. Están en el ser de las cosas. Son la existencia misma y sólo el conocimiento de uno mismo permite que las obras fluyan en una especie de acción lúdica que se traduce en el artista en un estado de felicidad interna sólo alcanzada al momento de la creación”.
SU VIDA
Hugo Marín se forma en la Escuela de Artes Aplicadas donde se especializa en pintura y escultura. En 1952, recibe una beca para continuar estudios en Francia. Al año siguiente, el gobierno italiano, le otorga una nueva beca.
Ambas disciplinas, desde sus inicios hasta la actualidad, las ha desarrollado paralelamente. Gracias al valor de su obra logró insertarse en el circuito internacional del arte llegando a exhibir en diversos centros de arte y museos de Europa y Sudamérica.
Los diversos seres que pueblan sus lienzos, siempre establecen relaciones complementarias o integradoras que aluden a temáticas universales. Por eso, algunas pueden agruparse en torno a sus mismos títulos. Ellos, sin duda, conducen al observador a reunirlas en series temáticas. Pueden agruparse icónicamente, bajo frases generales que las describen -por ejemplo- como Familias Andinas, Metamorfosis y Encuentros. También aparecen reiterados volcanes, mensajeros y peregrinos. Sin olvidar, por supuesto, la intención creadora de llevar al plano pictórico danzas, juegos y curiosas clonaciones de seres. Así, desde una perspectiva contemporánea, sintetiza un dormido imaginario común de raíz indígena.
En el volumen, Marín se torna más agresivo e irónico, especialmente, entre las décadas de los setenta y ochenta. Entonces, diversas caras y rostros -trabajados con materiales inusitados como cueros, prótesis dentales y oculares, entre otros-, mostraron la vanidad de banalidades. Posteriormente, en una vía expresiva que alude a lo sagrado, el artista se aboca a crear pequeñas escenas indígenas que simulan circos u otras actividades cotidianas. Luego, emergen seres totémicos en variados formatos y, el marcado aspecto decorativo de figurativos ídolos anteriores, cede lugar a la esencialidad de obras de barro como “Nahual”.
Sus creaciones se encuentran en colecciones de museos en Bélgica, Suiza, Francia y Chile.
