En una escalada de tensiones entre Venezuela y Guyana, el presidente de venezolano, Nicolás Maduro, generó controversia al presentar una Ley Orgánica ante la Asamblea Nacional para la creación del estado de Guayana Esequiba. La propuesta surge tras la aprobación, mediante referéndum, de la anexión de un territorio disputado perteneciente a Guyana, según las autoridades venezolanas, ahora consideradas vinculantes.
En un acto simbólico realizado ayer martes 6 de diciembre, Maduro ordenó la publicación y difusión de “el nuevo mapa de Venezuela,” incluyendo el Esequibo dentro del Estado venezolano. Este territorio es conocido por ser rico en minerales y recursos naturales, lo que agrega un elemento adicional a la tensión entre ambas naciones.
Previamente, un contingente militar se desplazó a Puerto Barima, en el Estado de Delta Amacuro, cerca de los límites de la zona en disputa. Maduro anunció la creación de una división militar con sede en Tumeremo, cerca del área en cuestión, para atender el territorio en disputa con Guyana.
El presidente guyanés, Irfaan Alí, respondió declarando que el plan de acción de Venezuela representa “una amenaza inminente” para la integridad territorial de Guyana y la paz mundial. Anunció medidas cautelares y llevará el asunto al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, buscando la adopción de “medidas apropiadas.”
La respuesta de Venezuela no se hizo esperar, acusando a Guyana de dar “luz verde” de manera irresponsable a la presencia de tropas de Estados Unidos en el territorio del Esequibo, en referencia a la reivindicación de soberanía por ambos países. La situación ha llevado a un aumento de la preocupación en Brasil, que comparte frontera con ambas naciones.
Brasil, mediante su ministro de Defensa, José Múcio, ha reforzado el despliegue militar en la zona y ha dejado claro que no participará en el conflicto directo entre Venezuela y Guyana. Expertos brasileños señalan que cualquier intento de invasión venezolana a Guyana podría implicar el paso por territorio brasileño, una situación que Brasil no permitiría.
La dimensión que está tomando este conflicto territorial, que se remonta al siglo XIX, preocupa a la comunidad internacional. Mientras los líderes regionales buscan soluciones diplomáticas, la amenaza de una confrontación militar plantea desafíos significativos para la estabilidad en América del Sur y la seguridad global.

