Al menos 43 personas han muerto y decenas han resultado heridas este domingo cerca de Alepo a concesiva de la explosión de un vehículo cargado con explosivos junto a los convoyes que llevaban a cabo la evacuación pactada el sábado por el régimen y los rebeldes de Siria, según informaciones recabadas por el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.
El acuerdo tenía como objetivo el traslado a zonas seguras de unos 30.000 civiles y combatientes desde cuatro poblaciones asediadas, dos en manos del Gobierno y otras dos en poder de la oposición. La gravedad del estado de muchos de los heridos hacía temer que se incrementase el balance de víctimas mortales.
Imágenes de una web local difundida por la agencia Reuters mostraban varios cadáveres, entre ellos los de varias mujeres y niños, junto a varios autobuses humeantes, así como decenas de heridos, algunos con miembros amputados por la onda expansiva. Testigos del atentado relataron a un periodista de France Presse que una furgoneta supuestamente cargada con ayuda humanitaria se había empotrado contra un convoy, formado por unos 75 autocares, antes de que estallara.
La operación de desplazamiento de población sitiada había quedado paralizada en la mañana del domingo en Rachidin, en un área insurgente situada al oeste de Alepo, ciudad controlada en su totalidad por el régimen desde el pasado diciembre. Las discrepancias sobre el número de milicianos armados que podían ser transportados parecían ser la causa del bloqueo.
Unos 5.000 evacuados desde las localidades chiíes gubernamentales de Al Fua y Kefraya (Idlib noroeste) se hallaban retenidos en punto donde se produjo la explosión. El Observatorio precisó 38 de las víctimas mortales procedían de ambas poblaciones, cuatro eran miembros de las unidades de la oposición que vigilaban la caravana, y otra no había sido identificada.
Otros 2.200 civiles y combatientes procedentes de los pueblos suníes insurrectos de Madaya y Zabadani, en la provincia de Damasco, se encontraban también retenidos por las tropas leales al presidente Bachar el Asad en Ramusa, un nudo de carreteras de la periferia suroeste de Alepo.
Las cuatro localidades evacuadas se encontraban asediadas desde 2015 por las respectivas fuerzas enemigas. El acuerdo para el traslado de la población fue alcanzado el pasado marzo con la mediación de Irán, aliado del Gobierno, y de Qatar, que apoya a la oposición, aunque no había podido ponerse en marcha hasta ahora ante la desconfianza generada entre los contendientes tras más de seis años de guerra civil.
Estaba previsto que los partidarios de la oposición se trasladasen a la provincia de Idlib, el principal feudo insurgente en el norte de Siria, en tanto que los de las zonas gubernamentales cercadas tenían previsto dirigirse a Alepo, Latakia o Damasco. Entre los evacuados viajan un gran número de mujeres, niños y ancianos, así como centenares de combatientes gubernamentales e insurgentes autorizados a conservar sus armas ligeras.
