Los felinos en general utilizan su lengua para bañarse, y por lo mismo sus dueños siempre deben tener cuidado con qué materiales tocan su pelaje porque eventualmente acabarán en su estómago. Pero el memo no le llegó a Elena Lenina, una escritora rusa que tiñó a su gato de color rosado para que fuera el centro de atención de una fiesta donde todos debían ir con alguna prenda del tono.
El gatito, naturalmente comenzó a lamerse e ingirió la tintura. Pocas horas después murió envenenado.
Los activistas por los derechos de los animales ya han mostrado su rechazo hacia la mujer por haber sometido al minino a su fiesta temática. Sin embargo, la mujer se ha defendido diciendo que su veterinario le dijo que la tintura no era dañina y que el color fortalecería el pelo del gato.
